miércoles, 27 de marzo de 2013

Pánicq



Las instructoras de yoga dicen que lo bueno es despertar poco a poco, tener una alarma suave, que antes de abrir los ojos reconozcas tus manos, tus dedos, tus pantorrillas; estires los dedos de los pies, el más chiquito lo más, estirar hasta alcanzar la ventana y abrirla y sólo después abres los ojos, estirarte si es posible, apaga la alarma de campanillas celestiales. Tú no necesitas campanas ni música suave para despertar lentamente. Tú necesitas metal, una cachetada, que te quiten las cobijas, que te baje los calzones; otra cachetada. Tú eres, como se tituló el Vigía de Michoacán hoy, de sueño eterno, tú eres un auto volcado en llamas y un brazo desprendido y chamuscado en la carretera. Yo me levanto, ¿Cómo? de "putazo". A mi las alarmas estruendosas de bipbipbips monótonos me despiertan igual que la más amable de las alarmas, que cualquier melodía de Reiki con cantos de ballenas y viento que desprende hojas y perturba carillones de viento a su paso, que cualquiera de tus canciones rancheras que cualquiera de tus pianos. A mi todas las alarmas me asustan y abro mis ojos muy grande antes de sentir mis costillas derechas, mi cuero cabelludo, antes de sentirte a ti a mi lado, a mi me gusta despertarme como si la alarma de combate estuviera sonando, estado de alarma con un sobresalto, el aviso al fuego, la agitación pública, la amenaza de un nuevo día hace cundir mi alarma y me preparo inmediatamente para la defensa y miro el reloj y a veces jamás se activó, sólo en mi cabeza, sólo en un sueño de pánico y creo que también por eso me da miedo ir a dormir y tengo que llamarte para que duermas conmigo "no me tienes que tocar, sólo quedarte hasta que pase el miedo" ¿Y luego? Luego todo bien. Yo bailo ante la posibilidad del desastre y canto también y te beso, te beso aunque los monstruos de la noche  hayan ensuciado nuestras bocas que habíamos limpiado antes de ir a la cama y tú te resistes por vergüenza y porque sigues dormido pero no sabes que a mi me gusta tu mal aliento y el olor de tus axilas porque es parte de la batalla. 
Extraño ese tipo de batallas, el pánico al despertar y recordar que alguien me quiere asaltar en un puente peatonal y yo no consigo bajar las escaleras porque se repiten eternamente y te veo abajo en la acera y te grito y vuelvo a gritar tu nombre, sigo corriendo sin atreverme a entrar en el túnel de piedra subiendo y bajando rampas de cemento, me canso, me duelen las piernas de tanto pasear al perro, de tanto querer ser, y mi voz es muy débil de tanto fumar anoche, creo que por eso no me escuchas. Él viene detrás con su cabeza grande, con su cabeza rizada.  ¿Cómo haces ahora para despertar? ¿Con tu alarma de radio? ¿Con un locutor contándote cómo el álbum Please, please me llegó a Estados Unidos hasta 1965 con el irónico nombre de The early Beatles? Quizá queriendo que please, please you. ¿Cómo haces para enfrentar el día sin mi típico pánico matinal que baila y canta y te quita las cobijas para que sientas el frío en los huesos para que tomes posición de combate como Corea del Norte con sus misiles y unidades de artillería con el punto de mira en Estados Unidos? En constante estado de tensión. Creo que te masturbas. Creo que te despiertas poco a poco como dicen las instructoras de yoga que es lo bueno y sientes tu dedo indice y las palmas de tus pies. 

martes, 30 de octubre de 2012

Galletas con cerveza


La mosca parecía un punto negro que se hubiese desprendido del mantel de plástico que cubría la mesa y que era cortesía de la madre de Blanca, así como un setenta y cinco por ciento de los objetos que convertían el apartamento a imagen y semejanza de un hogar; los manteles, cortinas, tazas, cojines y pósters (recortes de periódicos más bien) forman un hogar de pésimo gusto y no importa qué tanto muevan de lugar las cosas o se muden de casa siempre se verán mal como muchas de las relaciones que Ilse conoce simplemente porque no se supone que deberían estar juntas. La mosca no volaba muy alto, era una de esas moscas grandes y negras, era una de esas moscas grandes y negras y escandalosas a las cuales la naturaleza ha desfavorecido con un cuerpo demasiado grande y peludo para sus pequeñas alas, es por eso que Ilse se pregunta si esa mosca, que lleva tres días viviendo a costa suya, es demasiado gorda para volar alto o es simplemente estúpida. Después de morder su galleta se le ocurre también que tal vez esa mosca no tiene familia, que tal vez los gatos mataron a su madre, padre, tíos, hermanos por diversión y no hubo nadie que le contara el secreto de la supervivencia urbana, nunca ha escuchado que los humanos  detestamos la convivencia, que apenas soportamos la interacción intra-humana y que compartir el espacio con otras especies es casi inaceptable. Esa debe ser una de las moscas más tercas que se han mudado al apartamento. La galleta y el cigarro se encuentran a medio camino de su efímera existencia; le gusta esa combinación: cigarro y galleta ó cigarro y pastel ó pastel y cerveza pero sólo los combina cuando está sola por que le da vergüenza, pero no con los gatos ni con las moscas, ni con los organismos invisibles a nuestros ojos… recuerda que está mirando fijamente una mosca gorda y negrísima que ahora parece un chicle pegado en la acera pisado ya un millar de veces. También puede ser que la familia se sentía dolorosamente repugnada por el nuevo miembro de la familia que era evidente y grotescamente más grande, más negro y más peludo que el resto, la madre al ver a su nuevo aborto volar con dificultad y con las patas colgando pesadamente a los costados decide un día que no puede soportar tanta vulgaridad y lo lleva lejos hasta el apartamento de Ilse en donde lo deja después de darle unos giros para confundirlo como cuando rompes una piñata para que jamás encuentre el camino de regreso a casa, algo aprendido de la literatura griega. Es así como se instala en casa de Ilse y Blanca con una diminuta nota que Moscagorda ha dejado caer torpemente y que Ilse, aunque la encontrase, no podría leer jamás porque no lee idioma mosca, ha devorado su galleta, a su cigarro le quedan dos fumadas de vida, Moscagorda vuela hacia ella como si quisiera contarle un secreto, aterriza en su largo cabello castaño, rápido abandona el bucle de Ilse para ir al mantel donde boronas de galleta de zarzamoras con chocolate blanco descansan distribuidas aleatoriamente y Moscagorda observa, estudia, camina cautelosamente para no perderse ni un detalle y muere. Ilse levanta la mano y mira con curiosidad la sangreconotrscosas y patas que se quedan pegadas en su mano; piensa que no siente remordimiento alguno a pesar de la familiaridad con la que pensaba en Moscagorda Y. Negra y del vinculo que habían llegado a formar, pensaba que en realidad la presencia de Moscagorda Y. Negra no le molestaba y que la había aplastado dejando caer el peso de su manaza sólo porque podía y porque no había quien se lo impidiera, por último pensó que se trataba e algo justo porque así es la naturaleza y que esa mosca se lo tuvo merecido por ser gorda, lenta y estúpida, como cuando su charla con Al. de las cucarachas que mueren patéticamente de espaldas muriendo de impotencia como las personas que entierran vivas y se arrancan la piel de la cara.
El timbre… chingado… había olvidado que el cigarrillo y la galleta eran parte de su ritual para idear como mandar a la verga a su bato. Se levanta de la mesa con pesadez para abrir, hay una mosca negra en el mantel-que-no-combina. Estará ahí cuatro días más.

sábado, 22 de septiembre de 2012

if(bris==ENGLISH_TEACHER)


Sigo pensando en esa gente del cine y sus desagradables sonidos de muelas chocando con delgadísimas rebanadas de papas fritas con salsa valentina y limón mientras camino hacia mi salón, en el traslado saludo a la directora que le da una ojeada a mi nuevo corte de cabello como tratando de aprobar mis decisiones. Deberían empezar a prohibir el consumo de alimentos crocantes en el cine, las palomitas están pasando de moda y su monótono y repetitivo crujir me revuelve un poco el estomago, ("Sólo alimentos blandos" se lee en un letrero a la entrada de la sala). 
La última vez que me sentí adormecida por la vida fui al cine. Vi una película dramática que me gustó, no era una completa chorrada. Salí sin alivio alguno deseando que algo sucediera, ver a un tipo atropellado en Av. Vallarta por ejemplo. No puedo ir perdiendo poco a poco esas cosas que me recuerdan que uno no vive para trabajar… ¿Qué sigue? ¿Voy a dejar de disfrutar una meada después de dos angustiántes horas de aplicar un examen, apretar las piernas y retener la orina? Quizá pierda el gusto por dormir. Ojalá perdiera el gusto por comer donas. En un punto crítico perdería el gusto por coger y por tener largas y significativas conversaciones con mi alumna de 9 años. 
El pasillo que conecta mi salón con el resto de mis destinos escolares es la búsqueda infinita de eso que pierdo y que no sé qué es, los barrotes del barandal que apenas me llega a los codos pasan lentos y siempre termino mirando a través de ellos hacia el piso principal, el del patio rojo, buscando lo que extravié; los barrotes se terminan y me topo con una gran encrucijada: girar a la derecha me conduciría a mi salón ó girar a la izquierda y correr siguiendo las las flechas amarillo, verde y rojo que indican gritando el camino a la salida, pasar sin checar mi salida y seguir corriendo sin prestar atención a los semáforos. Tal vez sea yo el hombre atropellado que quería ver saliendo del cine. Mi decisión es definitivamente la más aburrida.  

viernes, 4 de mayo de 2012

Pobrecillo


Su reflejo tres veces… bueno tres veces y media, la media corresponde a un reflejo oscuro y borroso, es el más lejano… el reflejo va sentado
 al lado de la rubia del celular y el real va sentado frente a mi, a veces me mira y nuestros ojos  se retan a algo que no me atrevo a descifrar, tal vez se trate de un dialogo que no quiero tener. Él también podría tener una mirada asesina sin gran esfuerzo pero es más bien una mirada que fantasea tal como debería de ser cuando se va en tren viendo el espectro verde de los árboles estirarse y casi romperse con la velocidad, todo el camino deseé que uno realmente lo hiciera  que se rompiera en dos y una plasta verde saliera volando. Yo con mi mirada asesina y mis sueños violentos estoy mal; la rubia que lleva una hora al celular, ella también está mal su mirada es dispersa y va muy lejos del vagón, creí ver uno de sus dos reflejos llorando y justifiqué su parloteo celularesco pero sólo fue un efecto de luz porque la original reía, pero yo no puedo justificar nada pensé.
Pronto sería el fin del viaje y mi vértigo persistía y mis pensamientos eran oscuros y turbulentos, uno de mis reflejos, el más cercano y claro de todos me mira persistente y se burla de mi y de mi intento fallido por lucir feliz y apaciguada… sí que tengo buen ceño y una mandíbula de hierro, pero ¿quién más para liderar la guerra más inútil jamás peleada que una nefasta personalidad con mandíbulas de hierro y ceño fruncido que nadie soporta? 

sábado, 7 de enero de 2012

Raíz y Tallo













Pantalón alto hasta la cintura, blusa blanca lisa fajada, ella siempre usaba este tipo de vestimenta nunca muy aparatosa, pensaba que era justo como su personalidad. El pantalón muy pegado le hacia lucir un buen culo y a mi que su culo siempre me había gustado me emocionó y me hizo feliz. Su cabello había crecido unos centímetros, cuando el cabello crece tres centímetros te transforma el rostro y la personalidad y se convierten en tres muy significativos centímetros y a mi, que soy la clase de persona que ignoraría las cosas de tres centímetros, eso me gusta.
Yo por eso quiero su cabello corto, sabia que en menos de un mes el cambio, sus expresiones faciales se verían conmovidas por dos o tres centímetros (casi imperceptibles pero no para mi) y luego tijeras; hubo un tiempo en que pensé que nunca podría gustarme de otra forma que no fuera muy corto, no más allá de la altura que las orejas alcanzan, me ponía nervioso pensarla con el cabello muy largo, me aterraba la idea mientras se desnudaba para entrar en la cama. Debió haberse cortado el cabello una veintena de veces desde la última vez que nos vimos y ahora lo llevaba un poco más abajo que el hombro, el copete (o tupe y flequillo porque nunca he aprendido la diferencia) largo le caía sobre los ojos haciendo una deliciosa curva a la mitad del camino y hasta las puntas. Se veía muy bien, supongo que en el fondo sabía que nunca estaría con ella el tiempo suficiente para ver ese cabello crecer hasta el punto en donde el largo ya no es incomodo (la parte donde choca con el cuello es la parte incomoda) la espera paciente de ver sus centímetros nacer, del alargamiento, de los días, los meses y años que debe haberle costado permitir a su cabellera rebasar los hombros que tanta resistencia habían impuesto, ella acomoda su abrigo en el respaldo de la silla alta del bar, sonríe de manera sincera, no luce nerviosa yo en cambio sí que estoy nervioso, sonrío e inmediatamente volteo hacia el gran espejo cubierto de estampillas y lo que parece ser un menú para ver mi cara y descubrir signos de nerviosismo que permanezcan ahí, es inútil, medio segundo no es suficiente para un buen estudio facial y más de medio segundo mirándome al espejo sin dejar de sonreír me haría lucir como un idiota, lleva tenis de tela blancos como su blusa y como su peinado casi inexistente, mientras coloca su abrigo, acomoda su bolsa y llama atractiva y dulce al barrista (tiene que ser atractiva porque el bar es de una oscuridad acogedora que me hace sentir cálido como en el vientre de alguna veinteañera) pienso en ella caminando cuesta arriba de la calle Nigromante y su cabello, ya debajo de su oreja, se balancea con el viento... yo nunca jamás lo he visto balancearse y volar, nunca lo he visto tratando de escapar con el viento y estirar sus puntas lejos de su cuello apuntando hacia el norte en busca de nuevas aventuras (alguna sopa caliente, la masa de un pan, al asiento del automóvil de algún esposo de una histérica gritando que le explique ahora mismo de quién es este cabello, la escena de un crimen...) las castañas puntas apuntando en la misma dirección que las hojas de la camelina y ella sonríe y le platica al hombre que la lleva de la mano de la vez que cogió en esta biblioteca a la derecha con un hombre al que ya no ve más. Luego esta tumbada a la caída de la tarde, sus senos caen con la gracia de la gravedad pequeños y firmes, está fumando un cigarro que comparte con un hombre diferente al de la calle Nigromante y sobre la blanca almohada que enmarca su cara y cuello su cabellera se extiende coqueta, sin ningún orden aparente y debe ya haber alcanzado el final de su cuello, lo compruebo cuando una mano entra en el cuadro que es su almohada y ella levanta la cabeza para fumar del cigarro que la mano sostiene, sus ojos sonríen al aspirar el humo y su pelo cae obligado por la gravedad igual que lo hacen sus senos cuando se tumba desnuda después de hacer el amor.

- Ei…. ei!!!
- Eh?
- ¿Vas a querer otra? - cuando me pregunta esto sus cejas se arquean de perplejidad y su boca sostiene una sonrisa que ahora es burlona.
- Eh, sí un tarro de oscura por fa - y estirándose, perfecta, hacia el barrista pide dos tarros oscura por favor.
- En qué piensas tan concentrado tú?
- En tus senos naturalmente. También en tu culo que se ve bien, en que la ventaja que tiene tu culo sobre tus tetas es que se ve muy bien con ropa y a mi tus senos se me antojan más bien desnudos.
- Jaja, no mames mínimo dame un abrazo primero y después si te portas bien te dejo tocarme el culo por tres segundos.
- Va. - Me di cuenta al abrazarla que entre más volumen más aroma.

sábado, 8 de octubre de 2011

Es muy agradable


"Es muy agradable entrar a un ano sucio" Es el letrero que se lee en la puerta del baño de maestros en la escuela primaria en que trabajo, lo que originalmente se trataba de una invitación a ser cuidadoso y limpio (es muy desagradable entrar a un baño sucio) se convirtió en una mórbida frase que invita a la exploración del orto de alguien con la simple acción de eliminar "des-" una "b" y el tilde que hace de una ene el símbolo universal del español. Me imagino la situación cada vez que voy al retrete y tengo de frente el letrero (llama mucho mi atención, incluso me desconcentra de mi objetivo inicial: orinar) y me pierdo un poco en mis pensamientos tratando de armar lo mejor posible historia detrás del anoagradable. De entrada descarto en un noventa por ciento la posibilidad de que haya sido un profesor el creador de aquello por dos razones principalmente: la primera es que es increíblemente irrespetuoso y ofensivo expresar la palabra ano de esa forma tan explícita y encima insinuar que al lector podría estimularle, excitarle o alegrarle el entrar a uno sucio. Los maestros son el principal modelo a seguir de un montón de niños susceptibles, son ejemplos de cultura y educación y dudo que alguien con tal responsabilidad encuentre divertido todo aquello (por otro lado yo soy profesora y no soy ningún ejemplo de cultura ni de educación, lo que me recuerda el día que al final de la inducción para maestros la directora nos pidió que nos retirásemos expresando nuestro sentimiento y/o pensamiento en una palabra, analicé mis posibilidades, pensé en la probabilidad de que alguien se adelantara con mis posibilidades dejándome lucir poco original y perezosa. Hice un mapa mental de "la palabra" y encontré la palabra perfecta: "estimulada", "estoy estimulada"… encajaba perfectamente: era graciosa y sí expresaba un sentimiento positivo, nadie diría nada al respecto y algunos incluso asentarían con la cabeza en señal de aprobación pero, sé que si no todos, al menos algunos estarían pensando en masturbación y/o pornografía y luego se sentirían culpables por pensar así de una colega, de una jovenzuela un sábado por la mañana en plena junta de trabajo. En mi turno de hablar lo dije con mucha seriedad y como si aquello se me acabara de ocurrir: Estimulada! ((ji ji))… me siento ((ja ja je)) estimulada ((ji jou)). Es curioso en lo que puede consistir tu diversión, aún cuando se trate de algo completamente silencioso, un pensamiento secreto y la tentación de burlarte de los demás en confidencia contigo mismo. El albur de una palabra que no debería tener una connotación negativa ((pero que la tiene sexual)) puede ponerte de buen humor las próximas cuatro horas). La razón número dos para dudar que se tratase de un maestro es la falta de imaginación que la mayoría de los maestros tenemos. Lo intento y no puedo imaginarme a la maestra de sexto grado con su cola de caballo bien apretada y su falta de cuello, hincada e inclinada sobre la puerta rasgando con su uña gorda la estorbosa b de baño entre risitas picaras.
Esas y otras cosas me hacen pensar que se trató de un alumno que se escabullo hasta la sala de maestros (alumnosprohibidoentrar), pero claro que no descarto la posibilidad de un maestro por completo; siempre puede existir uno como yo, guarro y mal educado, que encuentre diversión en las palabras cual estudiante montado en un camión, que despegando pequeñas letras(r y e) de calcomanía, te pide amablemente que ("recorrase por favor") tengas un orgasmo por favor.

lunes, 25 de julio de 2011

Secretaria perfidia

Holi soy secretaria y puedes ver mi nuevo video aquí:

http://www.youtube.com/watch?v=E8gfk218B8c